Libro de recuerdos

 
Sirius partió hacia el Puente Arcoíris dejándonos recuerdos inolvidables y la esperanza de volvernos a encontrar

Sirius

Fernández Huaca

2017 – 2025

Querido Sirius, mi pedacito de luz,
Hoy, mientras escribo con tus pelos aún pegados en mi suéter favorito, quiero celebrar cada locura, cada ronquido y cada mirada cómplice que convertiste en pura luz. Recuerdo con una sonrisa aquel día en que llegaste, un terremoto de patitas torpes y mirada traviesa que no sabíamos sería el inicio de tantas alegrías.
¿Te acuerdas cuando llegaste, todo patitas largas y orejas blanditas, sin saber que te convertirías en el alma de esta casa? Desde el principio fuiste un torbellino de travesuras: destrozabas zapatos con orgullo, robabas panes enteros del mostrador (¡y luego ponías esos ojos de «yo no fui» que nadie podía resistir!), y convertías cada zapato en tu juguete personal. ¡Hasta los días más grises los llenabas de risas con tus locuras! Tu capacidad para dormir profundamente a pesar del caos a tu alrededor, siempre fue tu superpoder especial.
Pero también eras tierno hasta el alma:
Esas noches en que me enterrabas bajo tu cuerpo cálido (que creció tanto como tu corazón). Tus paseos felices, orejas al viento y cola en espiral, olfateando el mundo como si fuera un buffet infinito. Cómo cuidabas a los más pequeños de la casa, aunque minutos antes hubieras sido el rey del caos. Los años te fueron quitando agilidad, pero nunca esa mirada de cachorro que me derretía. Hasta el final, encontraste la manera de robarnos sonrisas con tus travesuras que conquistaron nuestras vidas.
Gracias mi gordito hermoso, por enseñarnos el amor sin filtros, por cada lamida a media noche, por cada siesta roncando como un tractor, por cada mirada que decía «¿vamos a comer algo rico?» sin palabras.
Dondequiera que estés, sé que estás nadando en un mar de croquetas, sigues corriendo tras soles imaginarios, mordiendo nubes de algodón y tomando siestas eternas en los sillones del cielo. Te llevamos tatuado en el alma, en ese lugar especial reservado para los ángeles de patas cortas y corazón gigante.
Con todo el amor tu familia,
Fernández Huaca
P.D. «Prometo reírme cada vez que encuentre un pelo negro en mi café… porque sé que esa era tu firma personal.»

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